Monterita del Quillinzo
Vizcacha

Foto: Santiago Arias (@santiago_arias_photography)

La vizcacha: una vieja habitante de la cuenca que necesita nuestra atención

Durante generaciones, la vizcacha formó parte del paisaje de la cuenca del río Quillinzo. Sin embargo, quienes recorren hoy los campos y pastizales serranos coinciden en una observación preocupante: cada vez es más difícil encontrarla y muchas de sus antiguas vizcacheras permanecen deshabitadas. Conocer su historia es también una forma de comprender la salud de nuestros ecosistemas.

¿Quién es la vizcacha?

La vizcacha (Lagostomus maximus) es un mamífero nativo adaptado a diversos ambientes de Argentina y uno de los roedores endémicos más característicos de América del Sur. De hábitos nocturnos y comportamiento gregario, vive en colonias organizadas en complejos sistemas de madrigueras comunales conocidas como vizcacheras, donde encuentra refugio, protección y espacio para la interacción social.

Su estructura social incluye machos dominantes, hembras emparentadas y ejemplares juveniles. Se comunica mediante vocalizaciones específicas que cumplen funciones de alerta, cortejo y defensa.

La reproducción ocurre de manera estacional. Los apareamientos se concentran entre marzo y abril, y las crías nacen en primavera luego de una gestación de aproximadamente 166 días. Cada hembra tiene en promedio dos crías por camada. Las vizcacheras pueden permanecer ocupadas durante décadas, siendo utilizadas por varias generaciones de una misma colonia. Se estima que cada madriguera ocupa un área de acción cercana a 1,3 hectáreas.

Su alimentación es herbívora y relativamente selectiva. Consume una amplia variedad de especies vegetales silvestres y también cultivos agrícolas, situación que contribuyó históricamente a que fuera percibida como una plaga en ambientes rurales [1].

Una ingeniera de los pastizales serranos

Aunque suele pasar desapercibida, la vizcacha cumple funciones ecológicas fundamentales.

Los científicos la consideran una verdadera ingeniera ecosistémica, ya que sus actividades transforman el ambiente y generan condiciones que benefician a numerosas especies. Mediante la excavación de sus vizcacheras modifica la estructura del suelo, crea refugios y favorece la aparición de microhábitats utilizados por otros organismos.

Su pastoreo selectivo influye sobre la composición de los pastizales, promoviendo el desarrollo de determinadas especies vegetales y aumentando la heterogeneidad ambiental. Al mismo tiempo, contribuye al reciclaje de nutrientes, mejora la fertilidad local y favorece la calidad forrajera de los ambientes donde vive [2].

Las áreas de vegetación baja que rodean las vizcacheras también cumplen otra función importante: reducen la continuidad del material combustible y pueden ayudar a limitar la propagación de incendios [2,3].

Además, la vizcacha constituye una presa fundamental para depredadores nativos como el puma (Puma concolor), participando activamente en el equilibrio ecológico de los sistemas serranos [2,3].

De especie perseguida a especie valorada

A comienzos del siglo XX, los cambios en el uso del suelo y los conflictos con las actividades agropecuarias llevaron a que la vizcacha fuera declarada plaga agrícola mediante la Ley Nacional 4863, sancionada en 1905. Esta situación legal se mantuvo durante más de un siglo, hasta su derogación en 2018 [1].

Durante ese largo período se promovieron campañas de control y erradicación mediante distintos métodos: gases tóxicos, cebos envenenados, inundación de cuevas y caza sistemática. A ello se sumaron la caza deportiva, comercial y furtiva [1].

La magnitud de esta persecución fue enorme. Entre 1941 y 1945 Argentina exportó más de 4,7 millones de pieles de vizcacha [4]. En algunas provincias, como San Luis, se estimó la extracción de cientos de miles de ejemplares por año durante la década de 1980 [1].

¿Qué está pasando en la cuenca del Quillinzo?

A nivel nacional, la vizcacha está clasificada como una especie de Preocupación Menor, ya que aún conserva poblaciones importantes en distintas regiones del país [1]. Sin embargo, esta situación general no refleja necesariamente lo que ocurre a escala local.

En la cuenca del río Quillinzo, numerosos pobladores rurales señalan que las vizcachas son cada vez más escasas y que muchas vizcacheras históricas hoy permanecen vacías. La caza furtiva, la fragmentación del hábitat y la persistencia de la percepción de "plaga" aparecen como algunas de las principales causas de este declive [1].

La desaparición de la vizcacha no afecta únicamente a la especie. Diversos estudios muestran que la reducción de presas naturales puede alterar la dinámica de depredadores como el puma, incrementando potencialmente los conflictos con actividades productivas cuando estos animales buscan fuentes alternativas de alimento [5].

Mirar al futuro

En los últimos años comenzaron a desarrollarse iniciativas que buscan recuperar el papel ecológico de la vizcacha en los ambientes serranos.

Uno de los ejemplos más destacados es el Proyecto Vizcacha, impulsado desde 2019 en el Parque Nacional Quebrada del Condorito. Esta experiencia procura reintroducir poblaciones de la especie y recuperar los procesos ecológicos asociados a su presencia, reconociendo su valor para la biodiversidad, la estructura de los pastizales y la conservación de los ecosistemas serranos [3,7].

La recuperación de la vizcacha requiere una mirada integradora que combine conservación, producción, educación ambiental y participación comunitaria. También implica revisar antiguas percepciones y reconocer que muchas especies históricamente perseguidas cumplen funciones esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas que habitamos [6].


Bibliografía consultada

[1] Cirignoli, S. & Lartigau, B. (2019). Lagostomus maximus. Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos.

[2] Arias, S. y colaboradores (2005). Influencia de la vizcacha sobre la vegetación y los suelos de ambientes pastoriles.

[3] Renison, D. y colaboradores (2023). Reintroducción de vizcachas en el Parque Nacional Quebrada del Condorito.

[4] Rainer Cinti (2022). Antecedentes históricos de la explotación comercial de la vizcacha en Argentina.

[5] Guerisoli, M. (2018). Ecología alimentaria y conflictos entre pumas y actividades productivas.

[6] Davidson y colaboradores (2012). Manejo adaptativo e importancia ecológica de especies ingenieras.

[7] Instituto de Investigaciones Biológicas y Tecnológicas (IIBYT) (2023). Proyecto Vizcacha y restauración ecológica en las Sierras de Córdoba

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